La ley de hacer a los demás el bien que deseamos y por el que trabajaremos es constitutiva a la naturaleza humana, la ejerce toda persona en su sano juicio y aparece en todas las culturas y sociedades de todos los tiempos.
Con el paso de los siglos, los seres humanas han de civilizarse más y más por el respeto a lo sagrado, a las familias y cada uno de sus integrantes y a la justa distribución de los bienes.
Cuando lo anterior se desvía y se sale de carril, el Espíritu de Dios sucita profetas que denuncian las infidelidades propias y las del pueblo, proclaman un retorno a las buenas costumbres y al trabajo honrado, y la búsqueda de la bondad divina.
En estos ultimos tiempos, la Palabra se ha hecho Carne para alimentar y guiar a nuestras familias en toda circunstancia y desafío.
Esta es la misión de la Iglesia, guiarnos con la Palabra y alimentarnos con sus Sacramentos.
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