Nuestro Padre Adoptivo, regalo de Nuestro Señor a nosotros, nos llama a dar gracias por el hecho de poder trabajar. Es un privilegio que no todos tienen y menos de manera permanente.

El patrón de los imposibles nos pide que ofrezcamos las dificultades de nuestras labores, desde la dificultad con el tránsito y el transporte, lo inestable y tenso del ámbito en que laboramos, la no suficiente remuneración, la austeridad de vida que hemos de asumir y los constantes choques con aquellos con que vemos y compartimos la mayor parte de cada día que skb los compañeros de trabajo y vecindad.

El Venerable Pio XII que instituyó está fiesta nos dejó la siguiente oración:

“Glorioso patriarca San José, artesano justo y humilde de Nazaret, tú nos has dado a todos los cristianos, y especialmente a nosotros, un ejemplo de vida perfecta a través del trabajo diligente y la admirable unión con Jesús y María.

Ayúdanos en nuestro trabajo diario para que nosotros, artesanos católicos, podamos también ver en él un medio eficaz de glorificar a Dios, de santificarnos a nosotros mismos y de ser miembros útiles en la sociedad en que vivimos. Estos deberían ser los ideales más altos para todas nuestras acciones.

Amadísimo Protector, obténnos del Señor humildad y sencillez de corazón, amor por nuestro trabajo y trato amable con nuestros compañeros trabajadores; conformidad con la voluntad de Dios en las pruebas inevitables de esta vida, así como espíritu dispuesto a sobrellevarlas con alegría; reconocimiento de nuestra misión social específica y sentido de responsabilidad; espíritu y disciplina de oración; docilidad y respeto a superiores; espíritu de igualdad para con nuestros pares; caridad e indulgencia con nuestros dependientes.
Acompáñanos en los momentos de prosperidad cuando se nos da oportunidad para un genuino disfrute de los frutos de nuestro trabajo; sosténnos en nuestras horas de tristeza, cuando el cielo parece cerrado a nuestro sentir, y aún las propias herramientas con que nuestras manos trabajan parecen rebelarse contra nosotros. Concede que, imitándote a ti, podamos mantener nuestros ojos mirando a nuestra madre, María, tu amadísima esposa, quien mientras hilaba silenciosamente en un rincón de tu taller dejaba una dulcísima sonrisa dibujarse en sus labios. Y también, que nunca apartemos nuestros ojos de Jesús, quien estaba laboriosamente ocupado contigo en el banco de carpintero, para que al igual que ustedes podamos llevar en la tierra una vida santa y apacible, un preludio de la vida de felicidad eterna que nos espera en el cielo para toda la eternidad. Amén.”

En Comunión con Jesús Eucaristía, con María Santísima, pedimos a San José que ruegue por nosotros y aumente nuestra fé.