Sin lugar a dudas, Dios envío a San Juan Bautista para anunciarnos la Luz. No era él la Luz… Solamente aquel que preparo al Señor un pueblo bien dispuesto para recibirle.
Celebramos solemnemente el nacimiento de quien preparó el camino del Señor, lo señaló para que lo pudiesemos reconocer y ofrecernos junto con Él en el Altar de la Cruz.
San Juan Bautista, el más grande nacido de mujer y el más pequeño en el Reino de los Cielos, se hizo a un lado y condujo a sus discípulos para que siguiesen a Jesucristo Mesías.
Gracias a que bautizo al Hijo Amado del Padre en el Jordán se han abierto para siempre las puertas del Cielo y el Espíritu Santo desciende sobre los hijos de la Iglesia y se encuentra operante en todas las obras de buena voluntad.
En pos de la verdad muere también primero el Bautista al denunciar el mal de los poderosos de este mundo para que podamos abrazar la Pasión Dolorosa y Gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo. Ahora, confesando nuestra fe bautismal, asumamos nuestro compromiso en el Reinado de Cristo en nuestros ambientes.

