Se nos ha dado la Carne y Sangre del Hijo del hombre. ¡Comamos y bebamos de ella!
La vida del Padre se nos comunica por Jesús, Comida y Bebida de eternidad.
Cada nuevo día hemos de trabajar para alimentarnos y alimentar a otros. Así, en el Altar de Dios se hace presente el Pan bajado del Cielo.
Ambos son necesarios para nuestra supervivencia y no quedar en el sepulcro por siempre al final de nuestros días.
Los cuestionamientos y las dudas no pueden envolvernos y aplastarnos, menos sofocarnos.
Nuestra salvación y liberación es buscar el amparo y la fortaleza de la Comida y Bebida que nos da Jesucristo.
Abracemos con todas nuestras fuerzas la fe católica de siempre, la doctrina santa que recibieron nuestros padres y la determinación de llegar a la Morada Eterna del Señor donde están los nuestros esperándonos y pidiendo por nosotros.

